¿Qué es el lenguaje inclusivo y por qué va más allá de una letra?
El lenguaje inclusivo ha ganado presencia en espacios institucionales, educativos y sociales. Sin embargo, muchas veces se reduce la conversación a una sola letra: la “e”. Esta forma de hablar o escribir, que busca evitar el uso exclusivo del masculino gramatical, no es una moda reciente ni una simple ocurrencia. Es parte de un proceso amplio de transformación lingüística, social y cultural que apunta a visibilizar identidades y realidades históricamente excluidas. Pero el lenguaje inclusivo es mucho más que reemplazar letras: es una forma de repensar cómo nos comunicamos.
¿Cómo surgió el lenguaje inclusivo?
Breve recorrido histórico y evolución de sus formas
El cuestionamiento al masculino genérico comenzó a tomar fuerza en los años 70 y 80. Inicialmente, se promovieron formas como el desdoblamiento (“todos y todas”), que buscaban dar visibilidad explícita a los géneros binarios. Más adelante, surgieron propuestas como la arroba (@) y la “x” para representar una supuesta neutralidad de género, especialmente en medios escritos. Sin embargo, estas formas resultaron poco prácticas para la oralidad y la lectura, y también generaban problemas de accesibilidad.
La “e” apareció como respuesta a estas limitaciones: una alternativa que puede ser leída, pronunciada y comprendida fácilmente, y que permite incluir a personas no binarias o identidades que no se sienten representadas por el binarismo de género. Esta evolución refleja un proceso de búsqueda continua: cómo construir un lenguaje que represente sin excluir, que sea útil sin resultar ilegible, que sea socialmente transformador sin perder eficacia comunicativa.
¿Por qué algunas personas se oponen al lenguaje inclusivo?
Críticas comunes y tensiones actuales
Las críticas al lenguaje inclusivo provienen de distintos frentes. Algunas personas argumentan que su uso "rompe las reglas" del idioma, que dificulta la comprensión lectora o que no es necesario porque “el masculino ya incluye a todos”. Otros lo rechazan por motivos ideológicos o políticos, asociándolo con una supuesta imposición cultural.
Lo interesante es que muchas de estas críticas no se dirigen al propósito del lenguaje inclusivo, sino a sus formas superficiales. Se ataca la “e”, la “x” o la “@”, pero se evita discutir lo esencial: que hay personas que no se sienten representadas por el lenguaje tal como se ha utilizado tradicionalmente. El lenguaje, como práctica social, no es estático. Evoluciona junto con la sociedad, y es natural que genere debate cuando refleja tensiones sociales más profundas.
¿Por qué es importante usar lenguaje inclusivo?
No se trata solo de palabras, sino de representación
El lenguaje no solo refleja la realidad: también la crea. Cuando hablamos o escribimos, no solo describimos el mundo, sino que también lo moldeamos. Por eso, usar un lenguaje que represente a más personas no es solo una cuestión de corrección política: es una forma concreta de inclusión.
El uso de lenguaje inclusivo tiene un efecto performativo. Cuando nombramos a alguien, lo hacemos visible. Cuando dejamos de nombrarlo, lo excluimos. Por eso, modificar nuestra forma de hablar y escribir puede tener un impacto real en cómo se sienten quienes nos escuchan o leen. La inclusión comienza por el lenguaje.
¿El lenguaje inclusivo es solo sobre género?
Claves para entender una comunicación realmente inclusiva
Cuando hablamos de lenguaje inclusivo, no nos referimos únicamente a evitar el masculino genérico. La inclusión también implica repensar cómo nos referimos a personas con discapacidad, comunidades racializadas, diversidad corporal, experiencias migrantes, personas mayores, entre otros grupos.
Por ejemplo:
- Decir “persona con discapacidad” en lugar de “discapacitado”, priorizando a la persona por sobre su condición.
- Reemplazar “persona normal” por “persona sin discapacidad” o “persona neurotípica”.
- Evitar expresiones como “¡qué mogólico!” o “es retrasado” y utilizar términos respetuosos y precisos.
Una comunicación verdaderamente inclusiva considera múltiples dimensiones de la identidad y evita naturalizar estereotipos o jerarquías.
¿Cuándo el lenguaje inclusivo deja de ser efectivo?
Errores comunes y cómo evitarlos
El objetivo del lenguaje inclusivo es generar comprensión y representación, pero su uso excesivo o mecánico puede tener el efecto contrario. Textos con demasiadas “e”, “x” o “@” pueden volverse ilegibles, sonar forzados o incluso excluir a personas con discapacidades visuales o lectoras.
Ejemplos disonantes:
- “Les niñes fueron con sus amigues y les docentes.”
- “Lxs usuarixs deben completar el formularix.”
Estos ejemplos, si bien bienintencionados, pueden resultar difíciles de procesar, especialmente en textos largos o formales. Una solución más efectiva es reformular:
- “La infancia fue al parque con el equipo docente.”
- “Quienes usan el servicio deben completar el formulario.”
La clave está en lograr un equilibrio entre inclusión, claridad y naturalidad.
¿Qué dice la Real Academia Española sobre el lenguaje inclusivo?
La postura oficial frente a los cambios sociales
La RAE ha manifestado en varias ocasiones su rechazo a las formas inclusivas no normativas. En 2020 reafirmó que el masculino gramatical tiene un uso “no marcado” que incluye a todos los géneros. También descartó como válidas expresiones como “todes”, “niñes” o “chiques”, argumentando que son ajenas a la morfología del español.
Sin embargo, la lengua no es solo norma: es uso. Aunque las instituciones reguladoras como la RAE tienen influencia, las prácticas lingüísticas se transforman desde el uso cotidiano, especialmente en ámbitos como el activismo, la educación, las redes sociales y los medios de comunicación. La aceptación de nuevas formas no depende solo de reglas, sino también de su utilidad, legitimidad social y capacidad de adaptación.
¿Cómo y cuándo usar lenguaje inclusivo en traducción?
Buenas prácticas para adaptar contenidos con sensibilidad
Aplicar lenguaje inclusivo en traducción requiere criterio, conocimiento del público objetivo y comprensión del contexto sociocultural. No se trata de traducir literalmente ni de insertar la “e” en todos los sustantivos. Se trata de analizar cada texto y adaptar con inteligencia y sensibilidad.
Algunas claves:
- Usar formas colectivas cuando sea posible: el alumnado, el equipo, las personas trabajadoras.
- Optar por estructuras impersonales: quienes participan, se solicita completar…
- Evaluar el tono original y decidir si la inclusión requiere intervenciones más visibles o sutiles.
No todos los textos permiten el mismo nivel de intervención. Una campaña juvenil puede aceptar lenguaje disruptivo, mientras que un informe técnico o legal necesita otras estrategias. Además, no todos los clientes solicitan explícitamente el uso de lenguaje inclusivo. Por eso, el rol de quien traduce es también escuchar, asesorar y proponer. Si se considera adecuado, se puede recomendar un enfoque inclusivo, pero siempre respetando las necesidades y objetivos de comunicación de cada cliente. La verdadera inclusión en traducción es contextual, no automática.
El lenguaje no es neutral: refleja y moldea nuestras ideas sobre el mundo. Adoptar prácticas inclusivas no es imponer un código nuevo, sino abrir el lenguaje a más voces, más identidades y más formas de existir.
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