Influencia árabe en la Península Ibérica

Artículo publicado en Xornal da Galicia.

Nuestras raíces árabes

Hoy, cuando el mundo vive pendiente de los sucesos en los países árabes, es bueno recordar la gran herencia que estos pueblos han dejado sobre los hispanos.

Si bien el español y el portugués son las lenguas más habladas derivadas del latín, el idioma vivo que más ha influido en ambos ha sido el árabe. El latín, que hoy carece de hablantes nativos, fue hablado en Iberia desde alrededor de 200 AC hasta 400 años DC.

Sin embargo, antes y después de la conquista romana, en esa península se asentaron varios pueblos de lenguas semitas emparentadas o afluentes del árabe. Antes de Roma estuvieron fenicios y cartaginenses y después de 2 a 3 siglos de que los godos germánicos echaran a los romanos de Iberia, esta península pasó a conocer 8 siglos de reinos árabes.

Los moros crearon la primera gran civilización nativa de España. Los cristianos que eran tolerados por el Islam se arabizaron haciendo que ellos hayan sido el único pueblo de lengua latina que haya escrito su idioma en alfabeto árabe y no latino (y, además, con un 40% de sus palabras importadas del oriente).

Si bien la reconquista católica proscribió al árabe y extirpó a todos los musulmanes y judíos, el árabe ha impregnado al español y al portugués mucho más que otras lenguas nativas de Iberia (como celtas o vascos), que las que trajeron los germánicos, que las que se inter-relacionaron con ésta (como las de los incas, aztecas, africanos o asiáticos) o que el inglés (que hoy se escucha en gran parte de los colegios, películas y series de TV).

Es más, el castellano del sur de España se diferencia del norte, así como el portugués del gallego y el valenciano del catalán, en parte debido a que los dialectos meridionales mantuvieron una mayor influencia mora.

Hoy hay más de un millar de palabras claves del español que son de raíz árabe, las mismas que hablamos u oímos cientos de veces al día.

Colocaremos una selección de éstas empezando con palabras que nunca faltan en una conversación como ‘hasta’ o ‘he’, (aunque algunos creen que también deberían incluir a ‘usted’ o ’el’). Cientos de vocablos castellanos que empiezan con ‘al’ (‘él’ o ‘la’ en árabe) comparten ese mismo origen.

Palabras de raíz árabe son lugares donde vivimos como ‘aldeas’ o ‘barrios’; de quienes han construidos nuestras viviendas (‘albañiles’) o varios de sus utensilios de ‘adobe’ (‘alfareros’); de varias de las cosas o materiales que componen éstas como ‘alacena’, ‘alcantarilla’, ‘alfombra’, ‘azotea’, ‘azulejo’, ‘alambique’, ‘alcoba’, ‘almohada’, ‘alquitrán’, ‘adoquines’, ‘banca’, ‘baño’, ‘diván’, ‘laca’, ’latón’, ‘tabique’, ‘enchufes’ o ‘zaguán’, o diversos implementos que usamos en ésta como ‘baldes’, ‘jarras’ o ‘tazas’.

Cuando todos los días ‘almorzamos’ debemos recordar que ese vocablo, al igual que el del ‘aceite’ con el que se cocina y de otras cosas que comemos, son de raíz árabe: ‘aceituna’, ‘acelga’, ‘ajonjolí’, ‘albaricoque’, ‘albóndiga’, ‘alcahuete’, ‘alcachofa’, ‘alcaparra’, ‘alfajor’, ‘alfalfa’, ‘algarrobo’, ‘azafrán’, ‘bellota’, ‘espinaca’, ‘gazpacho’, ‘sandía’, ‘tamarindo’, ‘toronjil’ o ‘zanahoria’. Lo mismo acontece con 3 acompañantes de numerosos platos: ‘arroz’, ‘fideo’ y ‘mazorca’.

Este último es un producto mesoamericano que llegó a España después de que de allí habían sido expulsados los moros. No obstante, se le bautizó con un vocablo de dicha raíz al igual que otras cosas típicas de las Américas como ‘guacamayo’, ‘cerbatana’ o ‘calabaza’.

El Islam tras el nombre de varias de nuestras ciudades

En el 2008 el monseñor Vittorio Formenti, director del Anuario del Pontífice, admitió ante el diario oficial del Vaticano que por primera vez en la historia el Islam había superado a su fe en número de fieles. Según él, todas las variantes musulmanas suman 1,300 millones de seguidores frente a los 1,130 millones de católicos (19.2% y 17.4% de la humanidad, respectivamente). Ciertamente que si a su iglesia se le sumaban otras denominaciones cristianas, éstas llegaban a un tercio de la población mundial.

El allí admitió que la fortaleza de su credo es América Latina. El español y el portugués son las principales lenguas en las que Roma se esparció globalmente y hoy son habladas por la mitad de sus feligreses. Mientras más de la mitad de los musulmanes viven en países que antes fueron colonias británicas, francesas, holandesas o rusas, hay muy pocos mahometanos dentro de los 600 a 700 millones de personas que viven en países de lengua ibérica.

Si usualmente el Islam fue tolerante ante los creyentes de la biblia y las potencias centro-europeas se llenaron de dependencias e inmigrantes musulmanes, Madrid y Lisboa crearon sus imperios proscribiendo al Corán.

Las monarquías española y portuguesa fueron quienes lograron mantener la superioridad del Papa no solo ante el Islam sino ante las disidencias cristianas. Por eso el Vaticano en 1494 en el tratado de Tordesillas dividió al mundo a conquistar entre esas dos realezas.

Estas se convirtieron en la punta de lanza de Roma contra la Meca precisamente porque fueron las únicas naciones occidentales que se forjaron contra la ocupación islámica (la cual duró 8 siglos) y que aún hoy no han podido librarse de tener las lenguas y toponimias de Europa más arabizadas.

Lisboa y Madrid llevan en su nombre la influencia del Medio Oriente. La primera fue llamada inicialmente Olissipo (derivada tal vez de ‘puerto seguro’ en fenicio) y luego cuando los moros la tomaron en el 719 la bautizaron como al-Lixbuna. La segunda provendría de vocablos árabes o mozárabes que significan ‘cauce’ o ‘matriz’.

La principal obra literaria del idioma español es Don Quijote de La Mancha (la cual es una región de Castilla cuyo apelativo viene del árabe ‘la’a Ma-anxa’ o ‘sin agua’).

Del árabe ha salido la toponimia de numerosas ciudades y puntos geográficos de España, desde el peñón de Gibraltar, la puerta del mar Mediterráneo, hasta el mayor pico de Iberia (el Mulhacén, bautizado así por el antepenúltimo rey nazarí de Granada).

América Latina, pese a ser la región del mundo con menos porcentaje de musulmanes, tiene muchas zonas cuyos nombres derivan del idioma del Corán. Esto se puede ver hasta en las partes más interiores y alejadas del Atlántico.

Jaén, la provincia amazónica que Ecuador se la disputó al Perú, viene del árabe ‘jayyan’ (cruce de caravanas). El Guadalquivir (del árabe ‘gran río’) atraviesa Sevilla en España y también Tarija en Bolivia. Esta última es el departamento fronterizo con Argentina del cual ha salido el presidente más electo de dicha nación (Paz Estenssoro), y cuyos pobladores, pese a su sangre quechua, se jactan de ser ‘andaluces’ (de ‘al-Andaluz’, el nombre árabe de España). Guadalajara, la ciudad mexicana donde en 1991 se realizó la primera de las 20 cumbres iberoamericanas, en árabe significa ‘río de piedras’.

La principal plaza de Inglaterra y de la Comonwealth (laTrafalgar Squeare) tomó su nombre de un islote andaluz llamado ‘Taraf al-Ghar’ (el cabo de la cueva).

Siga leyendo en el artículo de Xornal da Galicia las Herencias de la España Islámica.

La «Y» se seguirá llamando ‘i griega’

Los académicos de la lengua española anunciaron a principios de mes, en San Millán de la Cogolla, la nueva edición de Ortografía de la Real Academia Española, una revolución sin gritos ni armas, pero que ha causado más de un airado levantamiento. Querían, por ejemplo, que a la ‘y’ se llamase siempre ‘ye’ y no ‘i griega’, o que los hablantes latinoamericanos nombraran la ‘v’ como ‘uve’ y no como ‘be baja’ o ‘be corta’.
En su ánimo revolucionario anidaba la intención de que los 450 millones de usuarios del español se refiriesen a las mismas cosas con los mismos nombres. Pero ante los conatos de revuelta, los académicos de la ‘docta institución’ han sacado su tono conciliador y ahora dicen que ellos recomiendan pero no imponen, fijan y dan esplendor, pero no castigan.
Reunidos el pasado domingo en Guadalajara, México, donde se celebra la feria del libro más importante de Latinoamérica, los representantes de las 22 academias de la Lengua aprobaron la nueva Ortografía. Una obra que tendrá más de 800 páginas y que, según el académico mexicano José Moreno de Alba, «no es una reforma exhaustiva», sino tan solo «una revisión».
Por cierto, el adverbio ‘solo’, que cuando se anunciaron los cambios iba sin tilde por obligación, ahora puede tenerla o no: queda al gusto del consumidor. Incluso en casos de ambigüedad, como ‘voy solo al cine.’ Algo similar ocurre con la ‘y’, para los hablantes hispanoamericanos ‘ye’ y para los españoles ‘i griega’. Si las academias intentaron que se pronunciara de la primera forma, al final cada uno lo podrá hacer como lo ha hecho hasta ahora. Si acaso, sus miembros proponen la ‘ye’ pero admiten que la ‘i griega’ «es muy respetable y tiene una tradición centenaria», contra la que no quieren luchar.
Hay cambios anunciados hace casi un mes que sí se mantienen. Por ejemplo, las letras ‘ch’ y ‘ll’ desaparecen definitivamente del alfabeto. Y ‘guion’ y ‘truhan’ se deben escribir desde ahora sin tilde ya que se consideran monosílabos, aunque se pronuncien con un hiato que parte la sílaba en dos.
Breve y sencilla
Los directores de las academias han firmado un documento en el que afirman esta ortografía es «más sólida, exhaustiva, razonada y moderna» que la «breve, sencilla, clara y didáctica» de 1999. «Esta es la primera ortografía hecha por y para todos, nacida de la unidad para la unidad». No obstante, ya se han censado casos de disidencia entre académicos y escritores conocidos por su magistral uso del idioma. Así, Arturo Pérez-Reverte, miembro de la Academia Española, ya ha anunciado que seguirá escribiendo «’sólo’ con tilde, pase lo que pase». El premio Cervantes 2009, el mexicano José Emilio Pacheco consideró que quitar el acento a esa palabra era crear un problema innecesario, mientras que el colombiano Fernando Vallejo sigue pensando en por qué ‘truhan’ y ‘guion’ deben escribirse sin tilde. Las academias insisten en su papel de moderador, más que censor, y añaden que los cambios propuestos marcan tendencia, y por tanto serán de uso común en unos cuantos años. «Estamos tratando de uniformar, no de imponer», subrayó Moreno de Alba.
Pero la expectación producida por el anuncio de los cambios a principios de mes se ha desinflado de alguna manera. Y como en anteriores ocasiones, las academias han optado por la prudencia y por dejar que, dentro de unos límites, cada hablante elija lo que le convenga.

Presente y futuro del español

Cinco expertos responden para el diario El País sobre la expansión y el futuro de la lengua castellana.

La lengua española en la actualidad

JOSÉ ANTONIO PASCUAL

Vicedirector de la RAE y catedrático de Lengua Española en la Universidad Carlos III de Madrid, además de director del Nuevo diccionario histórico de la lengua española.

P. ¿Cuántas palabras tiene el castellano? ¿Qué posición ocupa el español en número de palabras respecto a otros idiomas?

R. El diccionario de la RAE contiene 88.000 palabras. El de americanismos 70.000; pero en este último aparecen muchas variantes que en el diccionario académico ocuparían una sola entrada, como guaira, huaira, huayra, waira, wayra, guayra. Se suele estimar el léxico de una lengua añadiendo un 30% al de los diccionarios. En cuanto a la posición del español en número de palabras, solo puede responderse con respecto a las que aparecen en los diccionarios y para ello basta con comparar las 150.000 de nuestro Diccionario histórico con las 350.000 del Oxford.

P. ¿Se distorsiona el español con la influencia del inglés por temas como la informática?

R. No me parece que haya «distorsión» cuando se adopta intencionadamente un término técnico o científico, compartiéndolo con otras lenguas. Ciertamente, en la incorporación de palabras extranjeras pueden presentarse problemas, pero no es menos cierto que a las lenguas no les viene mal la convergencia entre ellas: sobre todo si es buscada. ¿Qué ganaríamos con rechazar un término científico que se emplee en inglés, francés, catalán e italiano aislándonos con una creación exclusiva nuestra?

P. ¿Cuáles son los principales vehículos dinamizadores de divulgación y potenciación de nuestra lengua?

R. Ante todo influye la idea que los hablantes de otras lenguas se hacen de la nuestra. Para ello sirven de muy poco las campañas de imagen y mucho la fuerza de nuestra cultura, a la que pertenece una literatura que cuenta con varios premios Nobel. Serviría aún más que en los distintos países de habla española tuviéramos varios premios Nobel de química, física o medicina, que nuestras economías fueran competitivas y que aumentara de año en año la calidad de nuestros sistemas políticos.

El español en el mundo

CARMEN CAFFAREL

Directora del Instituto Cervantes.

P. ¿Cuál es la proyección del español en el mundo? ¿Número de hablantes y proyección para el año 2030? ¿Y cuál es su posición global?

R. Todas las fuentes demolingüísticas clasifican la lengua española como la segunda más hablada del mundo, con alrededor de 400 millones de hablantes nativos, detrás del chino mandarín y por delante del inglés y del hindi/urdu. El alemán y el francés se incluirían en el grupo de las que tienen entre 50 y 100 millones de hablantes. Y los estudios de prospectiva están de acuerdo en que el inglés, el español y el chino serán las tres lenguas de comunicación internacional durante el siglo XXI.

P. ¿Ha cambiado la imagen del español en los últimos años?

R. De manera profunda, y esa es una de las razones esenciales de su crecimiento como lengua de comunicación internacional. Ahora mismo se ve como un idioma práctico y útil, gracias a su poderío demográfico, a que es la lengua de más de 20 países y a su fuerte implantación en lugares clave como Estados Unidos. La gente lo aprende porque le resulta rentable y es una buena inversión para su futuro profesional, sobre todo en el caso de los jóvenes.

P. ¿Cuánto cuesta divulgar y enseñar el español en el mundo?

R. El Cervantes tendrá el próximo año 103 millones de euros, pero también desarrollan una gran labor los ministerios de Educación y de Exteriores, así como las universidades. A ellos hay que sumar los gobiernos de países como Brasil, Filipinas, Francia o Italia, que invierten para que sus ciudadanos más jóvenes tengan un aprendizaje de calidad de la lengua española.

P. ¿En qué países crece más?

R. El desarrollo del español en Estados Unidos es espectacular. Se trata del segundo país -será el primero en 2050- en número de hispanohablantes tras México, y donde el crecimiento como segunda lengua resulta más significativo: cada año se incorpora más de un millón y medio de nuevos hablantes. Ahora bien, si pensamos en el español como lengua extranjera, hay que dirigir la mirada a Brasil. Con la entrada en vigor de la ley del español se ha pasado de un millón a cinco millones de estudiantes en apenas un lustro.

El español en Estados Unidos

EDUARDO LAGO

Director del Cervantes de Nueva York.

P. ¿Cuál es la realidad del español en Estados Unidos y cuál su proyección?

R. La realidad es que no es una lengua extranjera en Estados Unidos, sino una lengua materna que llegó a este territorio antes que el inglés y que, históricamente, nunca ha estado fuera del mapa. En 1848, con la firma del tratado de Guadalupe-Hidalgo, en virtud del cual México cede la mitad de su territorio al vecino del norte, una inmensa masa de hispanohablantes queda circunscrita en Estados Unidos, y con ella toda la topografía que conocemos: San Francisco, Nevada, Colorado… Dando un salto en el tiempo, las últimas décadas del siglo XX se caracterizan por una expansión del español por todo el territorio hasta los enclaves más remotos. El país se hispaniza en una proporción que oscila entre un 10% y un 50% en Florida, por ejemplo. El fenómeno último del siglo es el inicio de una cualificación de los hispanohablantes. A mediados del siglo XXI Estados Unidos será el primer país del mundo en cuanto a número de hispanohablantes, lo cual lo convertirá en la última frontera del idioma: el país más potente del mundo será el más potente también entre los países hispánicos. Hablo de fuerza cultural además de económica.

P. ¿Cómo es la relación de fuerzas entre el español y el inglés?

R. Se trata de una coexistencia pacífica y fructífera. El panorama acabará siendo: Estados Unidos país bilingüe, con una proporción de 3 a 1 a favor del inglés. Lo que pasa es que el español, lengua americana por excelencia, primera lengua de América, está empujando por el Norte y por el Sur: por el Norte está abriéndose paso en Estados Unidos como lengua materna (y extranjera) y por el Sur como lengua extranjera, en Brasil, donde hay avidez (léase necesidad) por dominar el español. Resulta un poco absurdo hacer proyecciones, salvo una: la potencia del español está en sus primeros pasos en cuanto a lo que va a ocurrir en el futuro. El español hará realidad el sueño imposible de Bolívar de unir a toda América.

El español y la economía

JOSÉ LUIS GARCÍA DELGADO

Director de la investigación Valor económico del español (Fundación Telefónica)

P. ¿Cuál es el valor económico del castellano y cómo se obtiene ese valor?

R. El español, como cualquier otra lengua, es un activo inmaterial cuyo valor aumenta al crecer el número de quienes lo hablan y su capacidad para servir de medio de comunicación internacional. En esta última faceta se centra el estudio que está realizando Fundación Telefónica. Si se considera solo el «componente» de lengua de cada actividad económica, comenzando por las industrias culturales, el español supone cerca del 16% del PIB de España; pero su valor diferencial como gran lengua internacional exige el análisis de sus efectos multiplicadores sobre los flujos migratorios, comerciales y financieros.

P. ¿Cómo influye el idioma en las transacciones comerciales?

R. Una lengua común es como una moneda común: reduce los costes de casi cualquier tipo de intercambio económico; además, facilita una familiaridad cultural que acorta la distancia psicológica. Es, en suma, un factor de dinamización mercantil, cuya potencia crece -al ser la lengua un «bien de club»- con el tamaño del mercado común que vertebra la lengua compartida. Los profesores Jiménez y Narbona han calculado que la lengua supone un factor multiplicativo del comercio entre los países que la comparten en torno al 190%, porcentaje que alcanza casi el 290% en el caso del español.

P. ¿Y cómo influye en la determinación de la emigración?

R. Los profesores Alonso y Gutiérrez (Fundación Telefónica) han estudiado el efecto positivo de la lengua común en la determinación del país elegido como destino del emigrante. El flujo de inmigrantes iberoamericanos a España ha sido casi tres veces superior (2,7) al que sería si no compartiéramos la lengua. Y el dominio del español por parte de los inmigrantes, además de generar ahorro de costes en los servicios sanitarios y educativos prestados en España, facilita el acceso al empleo y mayor movilidad laboral ascendente, generando diferencias positivas de salarios de hasta el 30%.

P. ¿Cuál es la situación en Internet?

R. El español es la segunda de comunicación internacional en la Red, a distancia del inglés, pero por delante del francés, el alemán, el ruso, el árabe o el italiano, que son también lenguas de alcance multinacional. De los 1.750 millones de usuarios de Internet, en español lo hacen 136 millones, lejos de los 480 en inglés, pero muy por delante de los 80 en francés, 65 en alemán, 50 en árabe o 45 en ruso. En chino lo hacen 390 millones, pero es lengua solo nacional. Las páginas web guardan proporciones equivalentes.

El español y la industria editorial

ANTONIO MARÍA ÁVILA

Director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España.

P. ¿Qué lugar ocupa la industria editorial española en el ámbito internacional?

R. España es la cuarta potencia editorial del mundo, solo superada por el Reino Unido, Alemania y Estados Unidos y es la más importante de las industrias culturales de nuestro país que en su conjunto suponen el 4% del PIB español y, de este porcentaje, el 42% corresponde a la industria editorial.

P. ¿Cuáles son las cifras del sector editorial español?

R. La industria editorial mueve anualmente algo más de 4.000 millones de euros, un 0,7% del PIB y da empleo, directo e indirecto, a más de 30.000 personas. Las 900 empresas editoriales que agrupa la FGEE representan cerca del 95% del sector y a lo largo de 2009 se editaron más de 330 millones de libros y 76.000 títulos, con una tirada media por título de 4.328 ejemplares. Los libros suponen el 1% de la exportación de mercancías españolas.

Fuente: El País

¿Cómo se abrevia «Estados Unidos» y cuál es el gentilicio recomendado?

Es frecuente referirse a este país a través de su abreviatura: EE. UU. Puesto que se trata de una abreviatura, y no de una sigla, debe escribirse con puntos y con un espacio de separación entre los dos pares de letras. Existe también la sigla EUA, que, como corresponde a las siglas, se escribe sin puntos. No debe emplearse en español la sigla USA, que corresponde al nombre inglés United States of America.

El gentilicio recomendado, por ser el de uso mayoritario, es estadounidense, aunque en algunos países de América, especialmente en México, se emplea con preferencia la forma estadunidense, también válida. Debe evitarse el empleo de la voz usamericano, por estar formada sobre la sigla inglesa. Tampoco es aceptable la forma estadinense, usada alguna vez en Colombia a propuesta de algunos filólogos, y que no ha prosperado. Coloquialmente se emplea la voz yanqui, a menudo con matiz despectivo.

Está muy generalizado, y resulta aceptable, el uso de norteamericano como sinónimo de estadounidense, ya que, aunque en rigor el término norteamericano podría usarse igualmente en alusión a los habitantes de cualquiera de los países de América del Norte o Norteamérica, se aplica corrientemente a los habitantes de los Estados Unidos. Pero debe evitarse el empleo de americano para referirse exclusivamente a los habitantes de los Estados Unidos, uso abusivo que se explica por el hecho de que los estadounidenses utilizan a menudo el nombre abreviado América (en inglés, sin tilde) para referirse a su país. No debe olvidarse que América es el nombre de todo el continente y son americanos todos los que lo habitan.

Fuente: Real Academia Española

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Las nuevas reglas ortográficas de la Real Academia Española

La nueva edición de la Ortografía de la Real Academia Española, que se publicará antes de Navidad, trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, «razonada y exhaustiva pero simple y legible». Y sobre todo «coherente» con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, «en absoluto» revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra «reforma».

Con todo, al director del Departamento de Español al Día de la RAE no se le escapa que los cambios ortográficos provocan siempre resistencias entre algunos hablantes. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico que ha buscado la Comisión Interacadémica de la asociación que reúne a las Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (la Rioja) aprobó el texto básico de la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el 28 de este mes en la Feria del Libro de Guadalajara (México) durante el pleno de las 22 academias, estas son algunas de las «innovaciones puntuales» aprobadas esta semana y destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.

La i griega será ye. Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z. La nueva Ortografía propone un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo, yegua), de ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.

Ch y ll ya no son letras del alfabeto. Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras del alfabeto, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, «signos ortográficos de dos letras». Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime «formalmente». Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27.

Solo, sin tilde. Hay dos usos en la acentuación gráfica tradicionalmente asociados a la tilde diacrítica (la que modifica una letra como también la modifica, por ejemplo, la diéresis: llegue, antigüedad). Esos dos usos son: 1) el que opone los determinantes demostrativos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta). 2) El que marcaba la voz solo en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).

«Como estas distinciones no se ajustaban estrictamente a las reglas de la tilde diacrítica (pues en ningún caso se opone una palabra tónica a una átona), desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré solo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que tales casos son muy poco frecuentes y que son fácilmente resueltos por el contexto, se acuerda que se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad», esto dice la comisión de la nueva Ortografía, que, eso sí, no condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde en caso de ambigüedad. Café para todos. No obstante, la RAE lleva décadas predicando con el ejemplo y desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde ni a solo ni a los demostrativos.

Guion, también sin tilde. Hasta ahora, la RAE consideraba «monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras». Sin embargo, permitía «la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato». Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié… La nueva Ortografía considera que en estas palabras son «monosílabas a efectos ortográficos» y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y «condena» cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, «escribir guión será una falta de ortografía».

4 o 5 y no 4 ó 5. Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva no ha perdido de vista la moderna escritura mecánica: de la ya vetusta máquina de escribir al ordenador. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Era una excepción de las reglas de acentuación del español: «era la única palabra átona que podía llevar tilde». Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado «el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor».

Catar y no Qatar. Aunque no siempre lo fue, recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/. «En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas». De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior: «Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (Qatar y quorum, en cursiva y sin tilde)».

Fuente: El País

Visita La «Y» se seguirá llamando ‘i griega’ para conocer los últimos cambios.

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¿Hispano o latino?

Los términos “hispano” y “latino” a menudo son usados intercambiablemente por el gobierno de los Estados Unidos y por los medios. Pero ¿exactamente cuál es la diferencia entre estas dos denominaciones?

El término “hispano” por lo general se refiere a cualquier descendiente de un país hispanohablante de Latinoamérica, mientras que el término “latino” se refiere a cualquier descendiente de un país latinoamericano en el cual la principal lengua hablada deriva del latín (brasileños y haitianos, por ejemplo, hablan portugués y francés, respectivamente, ambas lenguas derivadas del latín).

Es importante observar que los términos “latino” e “hispano” no denotan un origen étnico o una raza en particular. En cambio, las personas que se agrupan bajo la denominación “latino” o “hispano” comparten un bagaje cultural y lingüístico común.

En una encuesta del Centro Hispánico Pew de 2006, se descubrió que el 48% de los adultos latinos normalmente se identifican primero con su país de origen y no con la denominación hispano o latino. En términos de preferencia por la denominación hispano o latino, en una encuesta del Centro de 2008, se determinó que el 36% de los encuestados prefiere el término “hispano”, el 21% prefiere el término “latino” y el resto no manifestó tener una preferencia.

Consejos para usar los términos “hispano” y “latino”

Si bien ambos términos son considerados aceptables por la mayoría, algunas personas o grupos pueden tener una preferencia marcada por “latino” o “hispano”. Debe tratar de identificar y respetar esas preferencias.

Cuando sea posible, use referencias específicas, p. ej., “mexicano” o “cubano estadounidense” o “inmigrante costarricense”.

“Latino” y “latina” se pueden usar tanto como adjetivo y como sustantivo.

En la guía de estilo de The New York Times se define a “hispano” como descendiente de una tierra o cultura hispanohablante”. Sin embargo, existe un debate sobre la definición y el uso de este término. En el Merriam-Webster Dictionary se define a “hispano” como “relacionado con la gente, el idioma o la cultura de España o de España y Portugal”. De este modo, ¿los brasileños y los hablantes de portugués también se deben incluir en esta categoría? ¿Los españoles también son considerados hispanos?

En la mayoría de los casos, los brasileños no se clasifican como “hispanos”, y puede ser más adecuado referirse a ellos como “latinos”. Los españoles por lo general no se consideran hispanos ni latinos, ya que el uso de estos términos normalmente se reserva para los descendientes de países del Nuevo Mundo. Se puede reducir la ambigüedad usando una denominación más específica, tal como se explicó anteriormente.