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Origen de la palabra «pibe»

El español de argentina está repleto de palabras y frases pintorescas del lunfardo, un vocabulario coloquial surgido en las calles de Buenos Aires, por el gran proceso migratorio, en la segunda mitad del siglo XIX. Incorporado actualmente al lenguaje habitual de Argentina (especialmente en Buenos Aires y sus alrededores) y Uruguay, los lingüistas consideran al lunfardo una característica distinguida del dialecto rioplatense.  Agrega un sabor argentino a tu vocabulario en español con la sección de Transpanish que destaca algunos de los términos más usados en el lunfardo.

Significado de pibe

En Lunfardo, la palabra pibe significa “niño”, “joven”. Aunque esta palabra pertenece, indiscutiblemente, al dialecto rioplatense, los expertos discrepan de su origen.

Algunos estudiosos sostienen que pibe proviene de la palabra del dialecto genovés italiano pive que significa “aprendiz” o “muchacho de los mandados”. Otro origen posible, es la palabra italiana pivello o pivèll (en lombardo) que significan “aprendiz”, “jovenzuelo”, “novato”.

Una teoría alternativa señala que pibe vendría de pebete, palabra que se origina del catalán pevet y que significa “incienso”.  Se cree que pebete hace referencia en forma irónica a un muchacho ya que los adolescentes activos pueden ser propensos a malos olores, lo opuesto al aroma agradable de un incienso.

Palabras relacionadas en Lunfardo: piba (niña, adolescente).

La palabra pibe aparece en la letra del tango de 1945 llamado “El sueño del pibe”, compuesto por Juan Puey y Reinaldo Yiso.

El sueño del pibe

Golpearon la puerta de la humilde casa,
la voz del cartero muy clara se oyó,
y el pibe corriendo con todas sus ansias
al perrito blanco sin querer pisó.

“Mamita, mamita”, se acercó gritando;
la madre extrañada dejó el piletón
y el pibe le dijo riendo y llorando:
“El club me ha mandado hoy la citación”.

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Yeta - GuitaFiaca

Origen de la palabra “yeta”

El español de argentina está repleto de palabras y frases pintorescas del lunfardo, un vocabulario coloquial surgido en las calles de Buenos Aires, por el gran proceso migratorio, en la segunda mitad del siglo XIX. Incorporado actualmente al lenguaje habitual de Argentina (especialmente en Buenos Aires y sus alrededores) y Uruguay, los lingüistas consideran al lunfardo una característica distinguida del dialecto rioplatense.  Agregue un sabor argentino a su vocabulario en español con la sección de Transpanish que destaca algunos de los términos más usados en el lunfardo.

Origen de la palabra “yeta”

En lunfardo, la palabra “yeta” significa gafe, algo o alguien que trae mala suerte. Los expertos en lunfardo creen que “yeta” deriva de las palabras del dialecto napolitano “jettatura” y “jettatore” que significan, según El Dizionario dialettale napoletano de Antonio Altamura –Edit. Fausto Fiorentino, “mal de ojos, atractivo maléfico” o “Jettatore, hombre maléfico que con su presencia produce daño a los demás”. Debido a que la palabra “yeta” ganó popularidad inicialmente en la clase trabajadora, es difícil saber cuando fue acuñada por los residentes de Buenos Aires. Sin embargo, el término aparece registrado en forma escrita en 1915.

En ocasiones podemos encontrar “jeta” como forma alternativa de escribir “yeta”.

Palabras relacionadas: enyetar, yetar, yetado, yetadura.

Ejemplos de usos:
Las víctimas de mala suerte, pueden exclamar: “¡Qué yeta!” en vez de “¡Qué mala suerte!”.
Cuando una persona trae mala suerte, se le puede decir “¡Sos yeta!”

La palabra “yeta” aparece en la letra del tango “Preparate pa’l domingo” de José Rial and Guillermo Barbieri.

Preparate pa’l domingo si querés cortar tu yeta;
tengo una rumbiada papa que pagará gran sport.
Me asegura mi datero que la corre un buen muñeca
y que paga, por lo menos, treinta y siete a ganador.
Vos no hagás correr el yeite, atenete a mis informes;
dejá que opinen contrario “Jornada” y “La Razón”.
Con mi dato pa’l domingo podés llamarte conforme…
Andá preparando vento; cuanto más vento, mejor.

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Pibe - GuitaFiaca

Se lanza la versión online de “El gran diccionario de los argentinos”

La versión online de “El gran diccionario de los argentinos” se puede consultar ahora en www.clarin.com/diccionario. Se trata de una obra monumental. Más de 60 personas trabajaron durante 3 años. Es gratis e imprescindible para los estudiantes.

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Clarin.com lanza el diccionario más completo de la Argentina , un trabajo con más de 40 mil palabras, 80 mil acepciones y 90 mil ejemplos de uso.

Para poder consultar esta obra, un desarrollo de la editorial Tinta Fresca, una empresa de Grupo Clarín, sólo hay que ingresar a www.clarin.com/diccionario. Luego, colocar el cursor sobre la caja de búsqueda, escribir la palabra deseada y el motor devolverá las respuestas.

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Más de 4,5 millones de palabras extraídas de diversas fuentes actuales que van desde libros, revistas, publicidades, hasta páginas de Internet, sirvieron de base para elaborar este diccionario, que contiene además 40 mil lemas (palabras con entrada propia) y 80 mil acepciones (significados diferentes), además de más de 90 mil ejemplos de uso.

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Como se trata de una obra digital viva, se actualizará constantemente, incorporará nuevos términos a medida que se sumen al uso cotidiano, como así también, herramientas.

Una de ellas será el conjugador de verbos que en breve estará disponible.

Fuente: clarin.com

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Significado de “guita”.

El origen de la palabra “fiaca”.

Lunfardo: ¿Qué significa “guita”?

El español de argentina está repleto de palabras y frases pintorescas del lunfardo, un vocabulario coloquial surgido en las calles de Buenos Aires, por el gran proceso migratorio, en la segunda mitad del siglo XIX. Incorporado actualmente al lenguaje habitual de Argentina (especialmente en Buenos Aires y sus alrededores) y Uruguay, los lingüistas consideran al lunfardo una característica distinguida del dialecto rioplatense.  Agregue un sabor argentino a su vocabulario en español con la sección de Transpanish que destaca algunos de los términos más usados en el lunfardo.

Significado de “guita”

El término en lunfardo más utilizado para referirse al dinero es  “guita”.  Los argentinos utilizan más el término “plata” que “dinero” para referirse a la moneda corriente.

Sinónimos de “guita”: mosca,  filo, vento, tela. También se utiliza para referirse a los centavos o pesos (moneda de curso legal en Argentina).

Definición de la Real Academia Español

guita.

(Quizá del germ. *witta, y este del lat. vitta, venda sagrada).

1. f. Cuerda delgada de cáñamo.

2. f. Caudal, hacienda, bien.

3. f. coloq. Dinero contante.

En contexto:

Letra de tango “”Al mundo le falta un tornillo”
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao…
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao…
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar…
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico…
¿Pa’ qué, che viejo?
Pa’ ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?… ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa’ ver si lo puede arreglar.

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Pibe - Yeta Fiaca

El origen de la palabra «fiaca»

El origen de algunas palabras de nuestro léxico popular por Roberto Arlt

Ensalzaré con esmero al benemérito “fiacún”.
Yo, cronista meditabundo y aburrido, dedicaré todas mis energías a hacer el elogio del “fiacún”, a establecer el origen de la “fiaca”, y a dejar determinados de modo matemático y preciso los alcances del término. Los futuros académicos argentinos me lo agradecerán, y yo habré tenido el placer de haberme muerto sabiendo que trescientos setenta y un años después me levantarán una estatua.
No hay porteño, desde la Boca a Núñez, y desde Núñez a Corrales, que no haya dicho alguna vez:
-¡Hoy estoy con “fiaca”!.
De ello deducirán seguramente mis asiduos y entusiastas lectores que la “fiaca” expresa la intención de “tirarse a muerto”, pero ello es un grave error.
Confundir la “fiaca” con el acto de tirarse a muerto es lo mismo que confundir un asno con una cebra o un burro con un caballo.
Exactamente lo mismo.
Y sin embargo a primera vista parece que no. Pero es así. Sí, señores, es así. Y lo probaré amplia y rotundamente, de tal modo que no quedará duda alguna respecto a mis profundos conocimientos de filología lunfarda.
Y no quedarán, porque esta palabra es auténticamente genovesa, es decir, una expresión corriente en el dialecto de la ciudad que tanto detestó el señor Dante Alighieri.
La “fiaca” en el dialecto genovés expresa esto: “Desgarro físico originado por la falta de alimentación momentánea”. Deseo de no hacer nada. Languidez. Sopor. Ganas de acostarse en una hamaca paraguaya durante un siglo. Deseos de dormir como los durmientes de Efeso durante ciento y pico de años.
Sí, todas estas tentaciones son las que expresa la palabra mencionada. Y algunas más.

La Fiaca
Comunicábame un distinguido erudito en estas materias, que los genoveses de la Boca cuando observaban que un párvulo bostezaba, decían: “Tiene la “fiaca” encima, tiene”. Y de inmediato le recomendaban que comiera, que se alimentara.
En la actualidad el gremio de almaceneros está compuesto en su mayoría por comerciantes ibéricos, pero hace quince y veinte años, la profesión del almacenero en Corrales, la Boca, Barracas, era desempeñada por italianos y casi todos ellos oriundos de Génova. En los mercados se observaba el mismo fenómeno. Todos los puesteros, carniceros, verduleros y otros mercaderes provenían de la “bella Italia” y sus dependientes eran muchachos argentinos, pero hijos de italianos. Y el término trascendió. Cruzó la tierra nativa, es decir, la Boca, y fue desparramándose con los repartos por todos los barrios. Lo mismo sucedió con la palabra “manyar” que es la derivación de la perfectamente italiana “mangiar la follia”, o sea “darse cuenta”.
Curioso es el fenómeno, pero auténtico. Tan auténtico que más tarde prosperó este otro término que vale un Perú, y es el siguiente: “Hacer el rostro”.
¿A qué no se imaginan ustedes lo que quiere decir “hacer el rostro”? Pues hacer el rostro, en genovés, expresa preparar la salsa con que se condimentarán los tallarines. Nuestros ladrones la han adoptado, y la aplican cuando después de cometer un robo hablan de algo que quedó afuera de la venta por sus condiciones inmejorables. Eso, lo que no pueden vender o utilizar momentáneamente, se llama el “rostro”, es decir, la salsa, que equivale a manifestar: lo mejor para después, para cuando haya pasado el peligro.
Volvamos con esmero al benemérito “fiacún”.
Establecido el valor del término, pasaremos a estudiar el sujeto a quien se aplica. Ustedes recordarán haber visto, y sobre todo cuando eran muchachos, a esos robustos ganapanes de quince años, de dos metros de altura, cara colorada como una manzana reineta, pantalones que dejaban descubierta una media tricolor, y medio zonzos y brutos.
Esos muchachos era los que en todo juego intervenían para amargar la fiesta, hasta que un “chico”, algún pibe bravo, los sopapeaba de lo lindo eliminándolos de la función. Bueno, estos grandotes que no hacían nada, que siempre cruzaban la calle mordiendo un pan y con gesto huído, estos “largos” que se pasaban la mañana sentados en una esquina o en el umbral del despacho de bebidas de un almacén, fueron los primitivos “fiacunes”. A ellos se aplicó con singular acierto el término.
Pero la fuerza de la costumbre lo hizo correr, y en pocos años el “fiacún” dejó de ser el muchacho grandote que termina por trabajar de carrero, para entrar como calificativo de la situación de todo individuo que se siente con pereza.
Y, hoy, el “fiacún” es el hombre que momentáneamente no tiene ganas de trabajar. La palabra no encuadra una actitud definitiva como la de “squenún”, sino que tiene una proyección transitoria, y relacionada con este otro acto. En toda oficina pública y privada, donde hay gente respetuosa de nuestro idioma y un empleado ve que su compañero bosteza, inmediatamente le pregunta:
-¿Estás con “fiaca”?
Aclaración. No debe confundirse este término con el de “tirarse a muerto”, pues tirarse a muerto supone premeditación de no hacer algo, mientras que la “fiaca” excluye toda premeditación, elemento constituyente de la alevosía según los juristas. De modo que el “fiacún” al negarse a trabajar no obra con premeditación, sino instintivamente, lo cual lo hace digno de todo respeto.

Autor: Roberto Arlt

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Pibe - GuitaYeta

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